ERRE, Hablando en ambos sentidos al mismo tiempo: ideología, ética, arte.
Actualizado: hace 2 horas

Kevin Power
Decirle la verdad al poder no es un idealismo al estilo del personificado por Pangloss: es sopesar cuidadosamente las alternativas, escoger la correcta, y luego exponerla inteligentemente donde pueda hacer el máximo bien y provocar el cambio adecuado.1
Edward Said
Hay dos cosas que nos causan impresión a la mayoría, imagino cuando escribo del trabajo de Marcos Ramírez ERRE: primero, su fe en el arte como un agente de cambio social; segundo, su apego a un contexto ejemplar como punto de cruce entre culturas y que, como tal, es casi una alegoría a múltiples situaciones en un mundo global. Tijuana comparte varias de las características de estas ciudades “intermedias”: turismo, entretenimiento, contrabando, tráfico legal e ilegal, zonas de pobreza, energía incesante, una presencia caótica pero dominante y un crecimiento de la población masivo, descontrolado en la periferia, ya que la gente ha llegado en oleadas del campo y de países centroamericanos —todos tratando de mejorar su situación.
más visibles de un conflicto que venía construyéndose a lo largo de los sesenta, cuyos efectos continuaron desplegándose durante la década siguiente. Estos eventos tuvieron sus propias repercusiones en México, al igual que en el contexto latinoamericano, donde la desconfianza y la crítica a las ideologías dominantes han crecido exponencialmente, mientras la búsqueda por prácticas alternativas continúa siendo evidentemente activa.
La función del arte, en sociedades tan complejas —violentas, rápidamente cambiantes y patentemente vulgares como la nuestra, ya sea al sur o al norte de la frontera—, ha llevado con frecuencia a un despliegue efusivo de un amplio rango de discusiones apasionadas, declaraciones artísticas y exposiciones, pero muy rara vez ha servido como modelo para tender puentes efectivos sobre el espacio que separa al privilegiado mundo del arte de la sociedad en su conjunto.
Sin embargo, existen numerosos precedentes de la estrecha relación entre el arte y lo social, especialmente cuando miramos atrás hacia los sesenta y setenta. En cuanto a mi propia vida y contexto, pienso en los levantamientos del Mayo del 68 en Francia y en los Estados Unidos, que fueron las manifestaciones más visibles de un conflicto que venía construyéndose a lo largo de los sesenta, cuyos efectos continuaron desplegándose durante la década siguiente. Estos eventos tuvieron sus propias repercusiones en México, al igual que en el contexto latinoamericano, donde la desconfianza y la crítica a las ideologías dominantes han crecido exponencialmente, mientras la búsqueda por prácticas alternativas continúa siendo evidentemente activa.
En el contexto de México, éstas incluyeron el nuevo pensamiento surgido de los movimientos de liberación asociados con la Iglesia católica, el movimiento pedagógico en torno a Iván Illich, así como las señales de conflictividad que venían sucediendo entre los movimientos indígenas. Fueron épocas que abrieron espacio para alternativas en contra de lo establecido: anti-academia, formas de ideología anti-hegemónicas. Había una búsqueda común por nuevas expresiones de sexualidad y exploraciones del cuerpo, una proclividad hacia los acontecimientos*,* y la adopción de nuevas formas de teatro. Todos estos fenómenos empujaban hacia nuevos patrones de relaciones sociales y estaban fuertemente comprometidos en probar los límites de la experiencia.
Sin embargo, el impulso creado por estas posibilidades se vio interrumpido en 1968 con la masacre de estudiantes manifestantes en Tlatelolco. Se ha sugerido, en varias ocasiones, que la derrota relativa del espíritu de 1968 y el amansamiento, ampliamente exitoso, de las revoluciones anticolonialistas en el resto del mundo llevaron a una pérdida de fe en la posibilidad de una transformación social contundente. Estos eventos habrán inevitablemente marcado la forma de pensar de ERRE: tanto la llegada del cambio como la búsqueda de alternativas que después se asociaron con el ambiente del posmodernismo y la pérdida de los sueños utópicos. Dichos eventos proporcionaron, también, una especie de paisaje mental dentro del cual determinaría, más tarde, su propio sentido de la función del arte en relación con las especificidades de su propia sociedad.
ERRE es, en cierto sentido, un practicante de estas nuevas formas híbridas, y su trabajo es un constante cuestionamiento de las prácticas sociales, políticas, así como culturales que lo rodean, tanto en un nivel local, “glocal” y global. Su trabajo emerge de una frontera que es “caliente” en términos geopolíticos, que vomita problemáticas y estilos de vida emblemáticos de un mundo rápidamente cambiante. Habla desde y hacia su propia comunidad, pero también habla un discurso que tiene una dimensión global.
ERRE conoce en su propia cotidianeidad el fenómeno de la fragmentación posmoderna; es parte de la textura de su vida. Tijuana respira tensiones surgidas de la precariedad de las maquiladoras y, en efecto, de todas las variables de empleo estable, la militarización de la zona, la legislación anti-sindicatos, hasta la cultura del “entremedio” en su conjunto*.* Él sabe que para moverse más allá del capitalismo globalizado es necesario intensificar la lucha y agudizar el enfoque. Sintió que su trabajo no tenía muchas otras alternativas que girar en torno a estas problemáticas —culturales, sociales, económicas e ideológicas—. Se impulsa por el compromiso y el cuestionamiento: nos obliga a tomar partido, a examinar su trabajo y observar el alcance de sus preocupaciones.
Marcos Ramírez ERRE es un artista comprometido, tanto en términos de su ética personal como en la relación que busca establecer con la sociedad. Su compromiso se enfoca más en la comunidad que en una ideología específica. Desea que su trabajo llegue a un público amplio pero también está agudamente consciente de que el arte, dado su contexto comercial, está frecuentemente constreñido por los mismos patrones de comportamiento y de funcionamiento de los cuales trata de escapar. Su trabajo camina por el arduo sendero de la realidad que constituye la cotidianeidad de su comunidad: la gran cantidad de detalles en la experiencia que dan forma a la vida en la frontera. Los principales temas de su obra giran en torno a tres ejes que se interceptan, a saber: la frontera, la identidad, y la guerra junto con la violencia que genera. Estos son intereses de gran escala, difíciles de asir en una sola imagen que todo lo abarca, pero la insistencia de ERRE recae en la necesidad de elevar la conciencia y forzar a su sociedad a reaccionar. Al centro de su obra se encuentra una poética interrogativa, el deseo por un cuestionamiento constante, inquieto y frontal del mundo. La energía del cuestionar es para él una aventura y nos demanda cultivarla como forma fundamental de entendimiento.
La serie de pinturas policromadas conocidas como Eyecharts hablan de su interés por la interrogación y la reflexión. Es una metáfora del cuestionamiento que consiste en una serie de pinturas en forma de gráficas de Snellen, que tratan de evaluar la agudeza de la comprensión ideológica. Cada gráfica utiliza la cita de un autor distinto, con los rótulos haciéndose más pequeños hacia el final. Las citas son deliberadamente seleccionadas para ir empujando al espectador hacia una alineación ideológica, ya que se le pide asumir una posición en relación con las ideas planteadas en cada cita. En otras palabras, el espectador se ve a sí mismo involucrado en una relación crítica y al mismo tiempo dialógica con el mundo.
ERRE está inmerso en la frontera: sus tradiciones, peculiaridades y complejidades. Tiene un potencial inflamatorio: la presencia de los cárteles de droga, sexo, corrupción, explotación, violencia, apuestas, dinero, etcétera. Es estimulante y destructivo, un estilo de vida que mutila y provee, así como una fuente de diversión y desesperación. La primera vez que fui a visitarlo el ejército había tomado prácticamente toda la ciudad. Su presencia se debía, principalmente, a las prácticas corruptas de la fuerza policial. Mi hotel, un típico y pintoresco palacio de bingo, estaba cerca de la frontera; por la mañana las filas para cruzar eran infinitas, temprano, a pie, en coche, o con un permiso que autorizaba al dueño viajar por el carril rápido. Aunque la ciudad no tenía toque de queda, en la noche la gente era mucho más cautelosa y reticente a aventurarse por las calles. El distrito de luz roja, controlado por la mafia, era suficientemente seguro y ofrecía para todos los gustos.
Y entonces, ahí está el muro: el símbolo fútil de la increíble estupidez; irritante e insoportable instigación a la violencia. Su función, como todos sabemos, es la de regular el flujo de la inmigración ilegal: la infinita corriente de “sin papeles”. Es un gesto insignificante, que simboliza el deseo estadounidense de mantener a los inmigrantes ilegales fuera, mientras que para los mexicanos se mantiene como una cosa más en la lista de los males necesarios. Su presencia pone en riesgo, inevitable y radicalmente, a la posibilidad de crear relaciones duraderas a través de la frontera.
Muros, banderas, palabras, letreros, son todos parte del vocabulario de ERRE. De hecho, una de sus piezas se titula sencillamente Muros / Walls (2002). Compuesta por dos muros paralelos contrapuestos separados por un espacio de 6 pulgadas: uno está hecho de madera y el otro de ladrillos. Sobre ambas, se proyectan imágenes en video. La pared de ladrillo documenta una jornada de trabajo en Rosarito, Baja California, y la de madera una obra en construcción en San Diego, California. ERRE nos presenta un día en la vida de un trabajador mexicano en ambos lados de la frontera, enfatizando las diferencias obvias entre las disciplinas, materiales y actitudes de trabajo, así como entre el grupo social y las interacciones individuales más obvias. Nos pide que reflexionemos sobre las historias económicas, culturales, sociales que prevalecen en ambos países y también sobre los diversos y, muchas veces inconscientes, procesos de integración.
Fronteras cruzadas / Crossed Borders (1997) aborda las diversas formas que toman las fronteras y las consecuencias que de ellas derivan: psicológicas, sociales, administrativas, geopolíticas, emocionales. La pieza toma la forma de un pizarrón lleno de conceptos armados como sopa de letras, los cuales analizan el fenómeno del cruce de fronteras. Un conjunto de ideas, escritas a mano con gis, resalta en el pizarrón. Al interceptarse crean una narrativa que llama la atención hacia los patrones complejos de interrelación. En la pieza están también incluidos algunos borradores, cada uno rotulado con una palabra diferente —amor, educación, libertad, justicia— capaz de borrar las divisiones que el texto presenta.
Su obra demuestra la voluntad de enfocarse en asuntos locales. Es una manera no sólo de comunicarse con, sino también de garantizar un público más amplio y proponer problemáticas que son parte de sus discusiones diarias, parte de su contexto inmediato pero presentado dentro de una forma invariablemente imaginativa que plantea una serie de preguntas. Al vivir en Tijuana ERRE ha experimentado de primera mano la militarización de la zona fronteriza bajo la Operación Guardián que Clinton inició en 1994, cuando prácticamente duplicó el número de patrullas fronterizas en un intento por frenar la inmigración descontrolada. El control de inmigración y la interdicción de droga pronto empezaron a convertirse en asuntos entremezclados, dando lugar a una situación que puso en riesgo tanto cuestiones de derechos humanos como de derechos de propiedad.
A la política emancipadora le preocupa más la libertad humana que la democracia. A ERRE le preocupa lo que le pasa a la gente, cómo crear responsabilidad civil, cómo eliminar la injusticia social y cómo garantizar el mínimo indispensable para una vida digna; es por esto que cuestiona toda forma de dominio, ya sea perpetuada por el lenguaje, la raza, cultura, economía, intervención militar o por empresas transnacionales.
Permítaseme ahora abordar la dimensión práctica de estas ideas en la obra de ERRE. Tiende a optar por una imagen visual que es directa y limpia, pero que sigue permitiendo múltiples capas de lectura. Él trata lo que Okwui Enwezor llamó en su versión de Documenta, “Democracia no realizada”. Su construcción improvisada Century 21 (1994) es tanto una imagen de resistencia popular, en la manera en que reconoce la capacidad inventiva de la construcción improvisada, como un reconocimiento del futuro predicado en el chabolismo como un hecho global. Apunta a un futuro en el cual la gente construirá de cualquier forma y en cualquier lugar, en la periferia de las ciudades o entre edificios, en la playa, en un terreno baldío, o directamente pegado a un cerco divisorio entre dos países. ERRE transfiere físicamente la arquitectura improvisada de los pobres a las puertas del museo, al ayuntamiento de la cultura, como para hacer que la oficialidad observe la precariedad de la vida en los límites urbanos. Hay un contraste brutal entre la riqueza corporativa o del estado y la aguda pobreza ante la cual permanecen impasibles.
Esta obra, que es la réplica de una vivienda provisional típica de los barrios marginales de la ciudad, se instaló como parte de inSite94. Su nuevo lugar en el principal centro cultural y cívico de la ciudad, produjo una tensión palpable entre dos lenguajes: primero, el de la monumentalidad y la solidez de la arquitectura institucional, que ha sido tradicionalmente considerada emblema de la identidad nacional mexicana; y segundo, la del chabolismo, símbolo del flexible, efímero y empobrecido urbanismo que domina el paisaje de la ciudad. En el trabajo de ERRE, el último aparece como un parásito que crece a costa del anterior. Esta vivienda provisional se alimenta del otro, robándole la electricidad; me recuerda el final de El hombre invisible de Ralph Ellison, donde el protagonista negro, quien siente que ha sido visto sólo como una cifra y nunca como persona, decide vivir en un agujero de carbón con electricidad robada, hasta que se siente seguro de su propia identidad. ERRE sostiene que la confrontación implícita en esta obra intenta revelar una serie de desigualdades: en nuestras distintas actitudes y percepciones del entorno marginal, en nuestras nociones de progreso y en las imágenes y símbolos que lo legitiman, también en los lenguajes e identidades oficiales que comunican y trasmiten la realidad social, política y cultural.
A mi parecer, la posición política de ERRE es más ética que ideológica, una cuestión emotiva pero con reacciones argumentadas ante el mundo tal cual es; como tal, característico de la heterogeneidad que celebran los teóricos posmodernos. Mientras que algunos teóricos como Baudrillard rechazan la política y teoría modernas, proclamando la irrupción posmoderna en la historia, existen otros como Jameson, Foucault, Deleuze, Guattari y Laclau, que enfatizan la continuidad entre la era actual y la modernidad. Para ellos, el discurso posmoderno es un discurso limítrofe entre lo moderno y lo posmoderno que permite una reestructuración teórica y política. Me gustaría situar aquí el trabajo de ERRE no, claro está, como teoría, ni como programa político sino como una llamada imaginativa hacia una reestructuración creativa. Lo que comparte con estos teóricos es la voluntad de examinar, desarrollar y participar en una nueva forma de acción radical. Lo hace pidiendo que nos concentremos en lo particular y en el contexto humano inmediato. Ha trabajado como carpintero durante años y conoce al pueblo, como decimos nosotros. La mayor parte de su obra genera debate. Sus obras pueden ser vistas como detonadores y estímulos que convocan a momentos de intercambio. Nos invitan a pensar, a definir el marco de la discusión y también a actuar.
El hecho de vivir en la frontera hace que esté constantemente al tanto de la diferencia cultural y, lógicamente, le permite, o incluso le obliga a tener una lectura doble de los eventos desde ambos lados: interpretaciones vistas tanto desde México como desde los Estados Unidos. Ha sido testigo y parte de la cultura posmoderna global, cuyo origen es estadounidense. Puede verse en su trabajo un esfuerzo por elaborar las herramientas visuales críticas capaces de generar una crítica de esa cultura que Jameson define como “la expresión interna y sin embargo superestructural de una nueva ola de dominación militar y económica de Estados Unidos en todo el mundo”.2
La idea original para la obra El proyecto Reading / The Reading Project (2003-2005) era la de presentar una gran señalización de carretera ubicada al margen de la ciudad de Reading, Pensilvana. El anuncio muestra ocho ciudades con sus respectivas distancias. Hasta este punto parece una señalización similar a las que se ven en las carreteras. Pero las ocho ciudades enlistadas tienen una gran resonancia histórica y las distancias dejan ver claramente que no se trata de destinos inmediatos. Se nos provee el año como información adicional. La lista es una narración, una condena al estilo j’accuse que cita “Ciudad de México 1847, Hiroshima 1945, Dresden 1945, Hanoi 1972, Kabul 2000, Bagdad 2004”.
La pieza es un esquemático pero contundente caso en contra de la política exterior y de intervención estadounidense, que subraya tanto su ambición militar como su incapacidad de construir formas de negociación diplomática con otros países y culturas. Estos nombres resuenan en nuestra memoria y han dejado cicatrices en la psique estadounidense, particularmente en la última parte del siglo xx. Fueron guerras, bombardeos e intervenciones que todos vimos horrorizados. ERRE evita moralizar y simplemente hace la lista. Los nombres nos miran y no hay manera de darles la vuelta. Sin embargo, las problemáticas involucradas en este asunto son inmensas y cada uno de nosotros tiene que decidir si una declaración así de reduccionista logra su cometido. ¿Es suficiente


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