top of page

Marcando encrucijadas, una introducción

23 sept
4 min de lectura

Actualizado: hace 2 horas

Lucía Sanromán


Este ensayo demarca una serie de encrucijadas o intersecciones en la producción de Marcos Ramírez ERRE, realizada de 1994 a la fecha, donde coinciden y se unen tres distintas aproximaciones escultóricas al sitio y al contenido. Estos entrecruzamientos entre variedades de objetos no están definidos por un orden cronológico ni por una afinidad temática. Una mirada a toda su obra revela, más bien, una evolución que parte de estrategias creadas en el dominio público para obras de arte a gran escala. Estas formas de concebir las funciones y formas de la escultura pública son luego adaptadas a condiciones específicas del espacio de exposición y trastocadas por un énfasis fenomenológico allegado al arte instalación.




En paralelo a esas aproximaciones, ERRE también ha creado numerosas obras de arte autónomas influidas por el arte conceptual y que, ya sea instaladas en espacios museísticos alrededor del mundo, o en la casa de un coleccionista, tienen en común con sus obras de arte público e instalación un énfasis particular en el identificar puntos de intensidad ligados a realidades espacio-temporales, donde la memoria, la política y las aspiraciones y necesidades individuales se reúnen para revelar algo profundo, algo olvidado, acerca de un sitio y de la forma en como éste es conformado y experimentado por múltiples subjetividades.


En 1994 ERRE irrumpió en la escena del arte contemporáneo con una contestataria instalación de arte público de sitio específico que socavaba los términos bajo los cuales la práctica artística era interpretada y teorizada, hasta entonces, en la frontera entre México y los Estados Unidos. Bajo el título Century 21, la instalación escultórica en exteriores tenía la intención de generar un discurso crítico acerca de la política y los estatutos de planeación urbana en Tijuana, ya fueran formales o informales. El proyecto marcó el lanzamiento de la carrera de ERRE en el ámbito del arte nacional e internacional. Con este solo gesto el artista, formado como abogado, y ex empleado en la industria de la construcción en San Diego por diecisiete años, ingeniosamente apuntó a una práctica artística que ahora es emblemática y que versa en torno a las dicotomías de la condición “fronteriza”, pero que no está limitada por la identidad de su lugar de origen, México, ni específicamente ligada a la agenda del arte fronterizo. El trabajo de ERRE no se define con una identidad única, no es exclusivamente nacionalista en intenciones ni referentes, ni tampoco evita hacer referencias a condiciones específicas de su lugar de origen, lo cual incluye temas y problemáticas insertadas en la política, economía y sociedad fronterizas.


Localizada en el centro cultural y financiero de Tijuana, con toda su carga simbólica, Century 21 estaba conformada por una casa improvisada, situada en la explanada del Centro Cultural Tijuana (CECUT), cerca de la frontera con los Estados Unidos. El recinto de construcción informal fue erigido con llantas usadas, madera y mueblería de segunda mano, se alzaba en dramático contraste contra la arquitectura monolítica e institucional del CECUT, del cual tomaba la electricidad y otros servicios. El lugar recordaba a las autoridades municipales, a los visitantes pertenecientes a la escena cultural contemporánea y a los vecinos, el violento proyecto de urbanización que había transformado la Zona Río de Tijuana, otrora un asentamiento de casas de cartón, en el símbolo de un México moderno y renovado.


Se anticipó al énfasis posterior sobre las dinámicas de la ciudad como foco de investigación, intervención y reflexión artística que llegaría a su cénit diez años después, tanto en el ámbito del arte contemporáneo como en las áreas de antropología y teoría crítica, entre otras disciplinas. La pieza comisionada para el proyecto de arte binacional inSite94, Century 21, desvió la atención del arte fronterizo (Border Art), y su discurso basado en la identidad y sus formas de representación hacia la ciudad, sus políticas internas, usos y habitantes.

ERRE balancea un interés en la intervención conceptual con un entendimiento único del uso de los materiales y su aplicación en la construcción de obras de arte que, en sus mayores expresiones, ha contribuido a la redefinición del género de arte público en México, transformándolo de un objeto monumental, sojuzgado por las intenciones hegemónicas gubernamentales, en una práctica auto-reflexiva y casada con su contexto, implicada en la recuperación de la memoria e historia local y en el desenmascaramiento de las corrientes ideológicas que condicionan al estado-nación. Como la historiadora Miwon Kwon reflexiona en su importante análisis sobre las categorías cambiantes en la especificidad de sitio en el arte contemporáneo, One Place After Another: Site-Specific Art and Locational Identity, las prácticas ligadas a una locación específica se han desplazado hacia una definición expandida, lejanas ya del sitio físico o geográfico, más cercanas a la definición del espacio como un vector discursivo de historias, políticas y narrativas colectivas expresadas o reprimidas.1 Como artista autodidacta ERRE llegó por sí solo a esta definición “multilocativa”, tal vez como una respuesta natural a la evidente segregación y represión del espacio físico en la frontera Tijuana-San Diego, un lugar donde los “vectores discursivos” en torno a los límites nacionales y económicos, la desigualdad social y la identidad étnica son puestos en escena constantemente.


Desde 1994 ERRE continúa sorprendiendo por su sagacidad al redefinir un espacio de trabajo, llevándolo lejos de la manoseada categoría de arte público. Dialécticos y de finales abiertos, sus trabajos artísticos más transgresores también han sido sus más poéticos. Toy-an Horse (1997), su segunda comisión para inSite97, es un anti-monumento a la relación entre México y los Estados Unidos y su contrato implícito de codependencia, invasión y rechazo mutuo que escapa a las ideologías definitorias de estado-nación y se asoma a las condiciones globalizantes de la cultura postcapitalista. Un colosal caballo de Troya bicéfalo de diez metros de altura se erguía sobre la línea fronteriza de la garita internacional en San Ysidro.

Mucho se ha dicho de es

 
 
 

Comentarios


bottom of page